Ayer tuve una conversación poderosa y maravillosa con una amiga-coachee-asesora……. que conocí en 2019 gracias a un profesor del máster que cursaba. En 2019, una alumna de máster se topó con una pregunta clásica:
¿Dónde te ves en cinco años?”
Su respuesta fue rotunda:
“No tengo ni idea.”
Y lo mejor vino después, fue una bonita causalidad que nos ha traido hasta ahora, y que ella resume en su entrada en linkedln que te invito a leer!
“¿Y si vas con una coach?”
Esa fue su puerta de entrada, y el comienzo de un vínculo que ya dura casi seis años.
Presencia y acompañamiento
Desde aquel día, trabajamos juntas de forma irregular pero constante.
No con una rutina marcada, sino con una frecuencia emocional: cuando lo necesita, ahí estoy.
Ella dice que nunca he dejado de estar presente.
Y yo siento que ese es, en el fondo, el rol invisible del coaching real: no estar todo el rato, y estar cuando toca.
Ser ancla, espejo y empujón cuando la marea sube… los que me conoceis sabeis que amo el mar y navegar!
El momento de clic
Ayer, en una de nuestra conversaciones periódicas, soltó la frase siguiente:
“Siento que no estoy dando todo de mí. Que estoy a medias.”
Y ahí no lo dejé pasar.
Le pregunté:
“¿Estás disfrutando mucho lo que haces?”
La respuesta fue inmediata:
“Sí. Me encanta. Me sale fácil. Lo disfruto.”
Y entonces le dije:
“Entonces va por ahí.”
¿Y si el disfrute no es el problema, sino el camino?
Como ella mismo descubrió en ese momento, al hacer el click: «Nos entrenaron para creer que el trabajo duro es el único válido. Que lo que vale cuesta. Que si te gusta mucho, entonces debe ser trampa.
Pero no.
Disfrutar tu trabajo no significa que estés haciendo poco«
Significa que estás en tu centro.
Significa que estás usando tus dones con fluidez.
Significa que te estás honrando.
Alinear, no forzar
Y hoy he pensado que en este momento del año donde las vacaciones marcan el punto de inflexión, donde si estás trabajando, puedes estar necesitando un punto de conexión consciente…te comparto la reflexión en versión reducida….
El trabajo profundo no siempre duele.
A veces es solo ajustar unas tuercas que nadie más podría tocar.
A veces es sentarte con alguien que te conoce lo suficiente como para no dejar pasar lo importante.
Gracias infinitas por estas palabras.
Por confiar en mí y en este espacio que creamos juntas.
Y sí… puede que no coincidamos en la estación del año favorita (¡cosas del hemisferio!),
pero coincidimos en lo esencial: hacer del trabajo un lugar habitable, disfrutable y expansivo.
¿Y tú? ¿Estás disfrutando lo que haces?
Si la respuesta es sí…
quizá ya estás más cerca de tu verdad de lo que pensabas.
Y si la respuesta es no…
puede que solo necesites una conversación honesta.
Una que no lo deje pasar.
Para eso estoy aquí….y no es casualidad que estes leyendo este blog… Escríbeme si quieres empezar tu proceso o saber más sobre el programa “Reorganicémonos, no nos juzguemos”, que se inicia el próximo día 15 de agosto, con pocas plazas ya disponibles!
Y, por si no me conoces…me presento….mi nombre es Rosa Maria Gomez,
co-creadora del espacio de transformación: Puto Nirvana
Creo espacios de claridad para las personas que quieren dejar de exigirse y empezar a escucharse.
Coaching para reconnectar contigo, no para cambiarte.